04 septiembre 2006

El gran crimen


ESTE RELATO FUE ESCRITO HACE UNOS 4 AÑOS, PARA UN CONCURSO DE LITERATURA..

A VER QUE OPINAN??
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- Se me ha dicho que usted es un hombre de pocas palabras, es cierto Señor Arizmendi?

- Sí

- Además he recibido comentarios de que usted suele ser bastante embustero en ocasiones. Qué piensa usted? Es eso cierto?

- No! Para nada, embustero yo? ¡Nunca!

- Bueno, eso está por verse.

- Entre otras cosas se lo ha culpado de caprichoso, y de pensar que tiene usted siempre la razón. ¿No le parece algo soberbias sus actitudes?

- No! No y no!

- ¿Conoce sus cargos, Señor?

- ¡Sí, cargo con 8 hijos que alimentar, 10 más que dicen ser míos, una mujer vividora y otra amenazadora!

- ¡SeñorArizmendi! Me refiero a sus cargos penales..Sabe usted que se lo culpa de “robar la palabra” ?

- ¿Yo, Robar la palabra? Ja ! Y para qué querré yo eso.. De la palabra no se come, no se paga los impuestos, no me es útil la palabra.. entonces ¿porqué piensa que yo voy a robar una palabra?

- No, tiene usted razón en este sentido, pero ésta tiene un valor mucho mayor a esos valores que usted dice, que es la de comunicar a las personas, decir lo que uno piensa y siente, de relacionarse con la sociedad. La palabra es la que nos constituye como personas Arizmendi.

- ¿! Pero para qué voy yo a querer la palabra de otro señor juez!?

- ¿Para qué? Para crecer como persona, aprendiendo del otro y de la relación que los liga.. para aceptar ideas diferentes aunque no se compartan, para convivir en paz entre los pueblos, para dar cobijo a alguien desamparado de afecto, para recordar que estamos vivos. Le puedo seguir enumerando todo el día si quiere.. pero supongo que entendió su cargo ahora, no señor Arizmendi?

- ¡Mire señor, yo no he robado la palabra a nadie, nunca me fijé en ese tipo de nimiedades, podrían liberarme ya? Yo no hice nada que tenga que ver con lo que se me culpa, yo simplemente he secuestrado y torturado hasta la muerte a cientos de malditos subversivos !

- Eso, señor... eso es quitar la palabra..

Y prosiguió el honorable juez: - Por lo tanto, es usted culpable de los cargos de violación a los Derechos Humanos y por crimen de Lesa Humanidad

El hombre y la palabra sana



La noche es densa, revolvés la salsa de tomates y el gato se trepa en la mesada con intención de comerla. Un millón de hojas amarillas de una carta mil veces leída. Ojos violetas de trasnoche que se te cierran por automaticidad, pero luchás con ellos para leer esas palabras ya gastadas. Las gotas que caen en el lavaplatos te hablan, y la ventana te muestra un panorama de la vida que corre en la ciudad. Y vos te encogés de hombros, no sabés qué hacer con las líneas rancias.

El peatón que pasa con el cigarro no se mosquea de tu vigilancia, y eso te encanta.

¿Qué fue del engendro que te regaló ese canario que habitaba en la jaula ya oxidada? Las teclas y las cuerdas flojas eran capaces de estremecer a mil mujeres, mas ya no suenan en tus oídos.

¿Y si fuera que el engendro de átomos y moléculas sos vos?

Mirás el impuesto al monotributo, tributo para quién, para qué? Pero te tranquiliza que exista esa maquinaria de hierro que produce en serie cada palabra que decís, así no pensás, así no te das cuenta..

Pero al pensarlo te diste cuenta, y se hace intolerable ser un peón tan nimio del gran hermano.

Y te piantás en la ezquina de las flores con una pizca de utopía, pero no hay flores medianoche.

Volvés y el gato se estremece al saberse descubierto husmeando en la olla. Y vos sin flor en el oal, sin motivos para pensar, gritás.

Con la fuerza de tu vientre sacás todas esas ganas suprimidas de por vida, suprimidas por otros.

Ahora suenan las teclas y las cuerdas al compás de un tema de Fitzgerland que te lleva a viejas épocas. Y mirás esos manuscritos, y recordás que con ella tenía sentido. . .

Y te dormís.