
Crónica del concierto de la Orquesta Filarmónica de Israel y su director Zubin Mehta en la ciudad de Rosario, Salón Metropolitano
Se trató del evento destacado del año para el establishment de la ciudad de Rosario. Bueno, después de las eliminatorias que disfrutamos aún derrotados los argentinos contra Brasil. Pero este otro espectáculo dista de ser deportivo y fue de lo más enriquecedor para los pocos afortunados que pudimos disfrutarlo: El concierto de la Orquesta Filarmónica de Israel, con su director mundialmente reconocido, Zubin Mehta.
Si bien la ciudad cuenta con sus clásicos Mozarteum de cada año, y con las periódicas visitas de diversas orquestas y conjuntos de óperas mundialmente conocidas, éste fue un espectáculo único. Podría decirse por su elevado costo, pero no. El valor agregado que tuvo esa hermosa noche del lunes 24 de septiembre fue que el dinero recaudado fue para un fin benéfico más que loable: la construcción del nuevo Hospital Centenario de Rosario.
El salón del Metropolitano se vistió de gala para el evento, donde asistieron 2500 rosarinos y donde no faltaron los personajes. El gobernador Hermes Binner rodeado de videocámaras y flashes, los periodistas como Luis Novaresio y Roberto Caferra, reconocidos empresarios y hasta el filósofo Jack Benoliel, entre muchos otros. Y lejos de los brillos que muchos asistentes ostentaron, la luz que encandiló fue la que emitió el director orquestal de origen hindú con su batuta magistral.
En una sincronía perfecta, la Orquesta Filarmónica de Israel, con 120 músicos al unísono, logró transmitir sensaciones diversas a lo largo de la noche. De la alegría y la picardía infantil de la interpretación de “Las alegres travesuras de Till Eulenspiegel” de Strauss, hasta el ambiente fúnebre, con una admirable capacidad de generar en los espectadores tantas sensaciones.
La interpretación de la “Sinfonía Nº 7” de Ludwig V. Beethoven fue el momento culmine de la velada, con sus cuerdas y vientos ya desatados, que a través de su melodía ya conocida dibujaron colores en el aire. Pero luego del repertorio prometido, el público extasiado insistió en un bis, y fue recompensado con “Las bodas de Figaro” de Mozart, y luego la “Polka sin frenos”, de Strauss, cerrando un show de primer nivel musical, y colaborando para la mejor causa: la salud pública de la ciudad de Rosario.