10 junio 2009

Día D.


Estimulante levantarse bien temprano cuando todavía afuera es una noche y no escuchás ni a los perros callejeros cantar su perorata en sol sostenido. Lo mas interesante es cuando te ponés a hacer las cuentas de todo lo que venís adeudando hace tres meses y te decís “bueno hoy es el día”. Pero es tan temprano que te olvidaste que el horario comercial es desde las 10 de la matina. Pero para ese entonces ya te levantó la taza de café bien negro y tu canario que te reclamó mas alpiste.

Salis a caminar por Pellegrini, y la ciudad recién se está despabilando, mientras te saludan los basureros y te tropezas con el borracho que estaba reflexionando una verdad existencial. Y le cortaste el chorro. Esos eran los dueños de la city hasta que llegaste vos con tus ínfulas de chica responsable porque querés llegar primera a la cola del banco que tardará tres horas en abrir.

Pero tu estado no es todavía tan decadente gracias a buda y decidiste ponerte a leer todo pasacalle, publicidad, marca, patente de auto y hasta el ticket del supermercado que te olvidaste de sacar de ese gamulán que no usabas hacía dos años.

Lo patético comienza cuando ya estabas del todo despierta, aunque las ojeras seguían colgadas debajo de tus lentes cuando te viste en esa puerta vidriada de la peatonal y te desviaste para horrorizarte, y en el medio del escándalo se te incrustó el taco aguja en la rejilla del piso y tu pie pasó de ser “L” a ser una “U”.

Respiras hondo para no pegarle al ser vivo que tenés mas cerca, la portera que riega la vereda con la dedicación del jardinero. Se te alivia ese infame dolor que humilla a la torpeza de tu pie de bailarina, y ahí te cerciorás: “Maldición. Va a ser un día hermoso”.

Finalmente el lunes va tomando color de metrópolis y te ponés a buscar frenética todos esos papeles que fluyen dentro de tu bolsón. La vida toma sentido, te sentís ciudadana correcta, porque en un rato no serás más deudora, mientras empezás a masticar ese caramelo Media Hora con una mueca de niña feliz.

Cuando se empieza a armar la fila, como en la misa o en el cine, te reconocés vanguardista de la responsabilidad, ejemplo de ciudadanía, pero la gente ni te juna porque todavía están todos adormilados. Los empleados del banco te piden que te corras porque no te diste cuenta que les obstruías la entrada, y seguro que pensaron que ibas a entrar corriendo para que nadie se te cuele en la fila.

Justo cuando terminaste de matar el tiempo haciendo banalidades te acordaste que tenías en el bolso ese libro guardado especialmente para ocasiones de espera, pero que nunca ejerciste su fin. “La metamorfosis” de Kafka es una buena versión de tu vida pensas, justo cuando abren la caja y llaman a cobrar y te colgaste. Y se te colaron. Como el resto son ancianos, embarazadas y niños te miran para el traste. Asi que te vas a tu casa con la cara por el piso del cansancio y de la vuelta a la existencia irresuelta, y cuando pasas malhumorada por esa puerta espejada lo confirmas: te transformaste en cucaracha.