
Una nueva ley provincial de la niñez propone por primera vez generar un concejo con representantes de muchas organizaciones para coordinar políticas conjuntas hacia los derechos postergados de los niños que mas necesitan. A continuación, un panorama sobre la realidad rosarina.
Introducción
"Decís: Nos molesta la charla de los niños. Tenés razón. Decís: Tenemos que descender hacia sus ideas. Descender, inclinarnos, empequeñecernos. Estás equivocado. No es eso lo que nos cansa, sino el que tengamos que elevarnos hacia sus sentimientos. Elevarnos, estirarnos, ponernos de puntillas para no agraviarlos", exclamó Janusz Korczac, el gentil maestro que marchó con sus alumnos hacia los campos de concentración para seguirlos educando, para evitarles que vivan solos y con miedo sus últimos días.
Este año es el 20º aniversario de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño. Desde 1989 todos los niños del mundo tienen derecho a ser protegidos, a desarrollarse y a participar activamente en la sociedad, al establecer que éstos son sujetos de derecho. Sin embargo, en Rosario como en muchas ciudades de la provincia, muchos derechos les son vedados a los niños. Muchas organizaciones no gubernamentales trabajan para revertir esta situación que se agrava día a día, y por primera vez, ven una intención oficial, a través de la Ley de Niñez.
Hace pocas semanas fue sancionada la adhesión de la provincia de Santa Fe a la ley nacional nº 26.061 de “Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes”. De esta forma se blanqueó la intención política de promoción y protección integral de los derechos y garantías de los menores de 18 años.
Ésta nueva ley provincial organiza las políticas públicas hacia la infancia, a través de un cambio de concepción de la niñez, desecha la anterior que concebía al niño como “objeto de cuidado”, y lo reconoce como “sujeto con derechos y garantías”. La familia y la escuela siguen siendo los pilares fundamentales para su protección, pero el cambio está en la toma de responsabilidades por parte del Estado, necesario y casi ausente hasta la actualidad. ¿Será éste el comienzo de un largo camino de trabajo conjunto para empezar a cuidar a quienes son el futuro de nuestra ciudad?
Nota principal
El criterio, el respeto y la cooperación son claves a la hora de desarrollar el trabajo social en la ciudad para y con los niños. Mantener la humildad y renovar las fuerzas para persistir en el tiempo. La cosecha de los frutos maravillosos de sonrisas pintadas en los rostros de los niños comienza con un granito de arena perdido en la inmensa ciudad rutinaria. En un proceso de desarrollo contínuo, se busca la expansión hacia todos los sectores para crear un futuro mejor. Los trabajadores sociales coinciden en que la esperanza y la alegría nunca se pierden, pues son un estado latente en el alma de cada niño.
Los niños que aprenden de la música y la palabra (Ludueña)
En el trayecto hacia la escuela nº 1027 Luisa Mora de Olguín un alumno reconoció a las cronistas como “las que hacen preguntas”, y con mucha seguridad dijo que buscaban a Gloria Machado. Era cierto, y el niño con una sonrisa cómplice les indicó el camino a seguir. Un portón separa al barrio Ludueña de la escuela orquesta. Desde el centro del patio escolar iluminado por el atardecer y un silencio majestuoso se divisaban todos los salones. Inesperadamente detrás de las puertas de cada salón se encontraban alumnos y maestros en clases de EGB, apoyo escolar, flauta, chelo y violín. Dentro de cada aula se descubría el sonido de un instrumento tocado por manos pequeñas.
En un mismo espacio conviven en un intercambio profundo la escuela con la escuela-orquesta. Prevalece el compañerismo, el respeto, el compromiso y la constancia. “Apostamos a mantener la producción propia, en vez de regalarles cosas”, comentó Gloria Machado, la directora general del la escuela orquesta del barrio Ludueña. Contó que se trata de un aprender a enseñar y un enseñar a aprender, a través de un trabajo integral, sistemático, didáctico, pedagógico y social. Las clases son para cada alumno porque es único e irrepetible y con diferentes tiempos.
“Hoy los chicos del Ludueña cargan con una mochila llena de oportunidades, que seguramente sus padres nunca pensaron”, comentó la directora general. Es allí donde se ve el cambio: “dejan de sentirse villeros y se incluyen dentro de la escuela-orquesta como un igual”, expresó Gloria Machado. Comentó que en la Secretaría de Cultura municipal hay convicción de que esto funciona y por eso cuentan con el Presupuesto Participativo de Rosario.
La directora musical de la escuela-orquesta, Derna Isla, comentó: “Con nuestra labor tratamos de darles herramientas a los niños y adolescentes para que en un futuro sean ciudadanos emancipados, buscando la dignidad en el trabajo y en el estudio”. Explicó que la capacitación musical es de diez meses, seis días de clase por semana de lunes a sábados. De este modo los chicos descubren la disciplina, la perseverancia y las metas personales. “Es una autoexigencia sana”, ya que conlleva prevención y búsqueda de salidas ante las problemáticas como la droga, el alcohol y los abusos”.
Derna Isla ve descentralizado y variado el trabajo social en la ciudad. “No se trata sólo de tener voluntad, hay que tener criterio y personal capacitado”, comentó la directora musical. Como ejemplo la Escuela Orquesta en el 2008 tuvo 140 alumnos, en el 2009 tendrá aproximadamente 220; un incremento del 80 por ciento.
El proyecto luego de tres años de trabajo continuo comienza a ser multiplicado en otras escuelas: este año con la “Escuela Esperanza” del barrio La Esperanza. Las escuelas donde se comienza a expandir esta articulación con una escuela orquesta tienen las características de ser gratuitas y religiosas, pero no por eso es excluyente. La música para Isla es una cuestión espiritual, y en esos lugares ella observa un trabajo comunitario fuerte, casi siempre por iniciativa de la iglesia más cercana a la escuela.
También está comenzando a confeccionarse la “Orquesta del Bicentenario” que unirá para 2012 a los niños músicos de diferentes estratos sociales, para sacar a luz ese brillo interno entre chacareras, malambos, clásicos y el favorito de los chicos “Himno a la alegría”. Los directivos ven a la orquesta como una pequeña sociedad, donde se integra el respeto con el otro, los límites y el trabajo con las problemáticas particulares.
Generando oficios en el barrio (Empalme Graneros)
El responsable del Centro Cultural “Cadhuoqte”, Oscar Talero comentó sobre el trabajo que realizan allí. Su propuesta es generar una alternativa para los chicos que están en el barrio, como por ejemplo inculcarles la cultura del oficio, la responsabilidad y la educación. Las actividades son dirigidas a niños de la comunidad indígena y a otros, y en la actualidad sólo pueden dar la copa de leche los lunes, miércoles y viernes.
La inquietud número uno para el centro cultural son los niños, aunque muchas veces no tienen los recursos necesarios para brindarles la cantidad de talleres que desean. “Por parte de la municipalidad no estamos recibiendo ayuda, y desde la provincia sólo recibimos leche para 280, de un total de 550 chicos”, expresó Talero.
Este año arrancan los talleres de apoyo de escolar en el mes de abril con la esperanza de poder incorporar un centro de informática, llevado adelante por estudiantes. El Centro Cultural tiene una relación directa con la familia mientras desarrollan el trabajo para y con los chicos y jóvenes. En el 2008 llevaron adelante una capacitación en albañilería y este año pretenden realizar un taller de soldadura.
Su objetivo es garantizar una participación con los chicos para que vuelvan a la escuela. Las capacitaciones en oficio son lo que fortalece al “Cadhuoqte”, donde se trata de trabajar el tema culturalmente, para no olvidar su lengua materna y sus trabajos artesanales como indígenas.
Al preguntarle qué necesitan Talero respondió de una forma muy amable e interesante: “Aquella persona que le interese colaborar en algo con el centro cultural, que venga a conocerlo; como necesitar necesitamos de todo. Pero que vengan a hablar con nosotros y de ahí surge lo que uno pueda aportar”.
De la calle a la sociedad: una oportunidad para los CHICOS (Centro)
Una casa amarilla con ventanas altas llama la atención por la calle Mendoza. En la entrada una serie de afiches coloridos invitan a festivales musicales e intercambios culturales. Adentro hay salones decorados con grullas de colores, máscaras enormes y dibujos de Juanito Laguna (el emblemático niño de la calle creado por Antonio Berni) cuentan de cómo se construye en un ámbito de paz, creatividad y cultura.
La directora de la Asociación CHICOS, Marcela Lapenna, contó que en 1991 surgió la voluntad de personas de diferentes disciplinas de trabajar con los adolescentes entre 12 y 18 años que vivían en situación de calle. De los salones salen voces de hombres recientes que bromean distendidos, escuchan música y leen los diarios. Son los chicos de la calle y realizan múltiples actividades, tanto recreativas como educativas.
Lapenna contó: “Hoy la Asociación no se restringe sólo a trabajar con chicos que viven en la calle, sino con todo joven que padece situación de riesgo y vulneración de derechos”. En cada chico encuentran diferentes formas de abordar las problemáticas, con la ayuda de los estados provincial y municipal, otras organizaciones y en algunos casos con las familias.
CHICOS tiene talleres artísticos (lúdicos, de fomentación de la lectura y origami) y talleres de formación laboral (serigrafía, carpintería y artesanías) no para que trabajen sino como herramientas para su futuro. Cuentan con un aula radial, un emprendimiento en panadería y una escuela primaria nocturna para los adolescentes que no terminaron la escuela en sus barrios.
Por año entran unos 350 chicos en la institución. El objetivo es revertir sus situaciones de riesgo e ir restituyendo uno a uno los derechos vulnerados. Acompañarlos al médico o a hacerse la documentación de identidad, lograr si es posible que dejen de trabajar y de vivir en la calle son sus iniciativas de cambio. “Consideramos a la calle como un espacio no digno de vida para nadie, y menos para un menor”, enfatizó Lapenna.
CHICOS propone romper con la naturalización de los jóvenes hacia esa realidad que les tocó, como la no posibilidad de ir a la escuela, como tener que trabajar. “Lo que genera la pobreza es una violencia estructural a partir de que muchos derechos que le son vedados a sus familias –analizó Lapenna- pero nosotros no vemos a los padres como los responsables de esa situación, al contrario los tomamos como aliados”.
Con CHICOS colaboran todo tipo de organizaciones de la ciudad, además de fundaciones internacionales y empresas. También está la provincia y el municipio, ya que “es importante, pero no suficiente y esto deja huecos”. Lapenna consideró que se debe entender que los niños son el futuro de la sociedad. Para ella “cada parte hace su trabajo, pero hay que tender puentes y dejar de lado las diferencias de criterio y los prejuicios para trabajar en conjunto. Una tarea que se está gestando de a poco”, expresó.
Para los más chicos, del trabajo a la escuela (Sur)
La coordinadora del equipo técnico de “Proniño”, Viviana Berardo contó el objetivo con el que trabaja la organización: “Buscamos mejorar la realidad de los chicos del barrio, ayudar a sus padres para que no los hagan trabajar y que los lleven a la escuela”. Hasta hace dos meses Proniño tenía talleres en contraturno escolar del colegio “Atahualpa Yupanqui”, y trabajaba con los alumnos de allí. Pero ante la realidad de trabajo infantil que se agrava en zona sur, ahora la organización tiene su propia sede, y se dirige a muchos chicos que no van a la escuela o van a otras.
El programa Proniño existe en muchas ciudades del país, pero se adapta a las realidades de cada ciudad. Este es el séptimo año que trabaja en Rosario, donde se enfoca en la explotación laboral a los niños (cirujeo, lavado de coches, cuidado del hogar). Proniño es parte de la ONG “Conciencia”, que nació con la vuelta a la democracia con el objetivo de restituir los derechos cívicos.
Los chicos que asisten a Proniño tienen hasta 15 años. Hasta ahora son unos 180 chicos, y estiman que con la expansión del radio de trabajo (entre Uriburu y San Martín, Arijón y Ovidio Lagos) llegarán a ser unos 240. De esta forma los profesionales de la organización forman parte de un trabajo en red junto a dispensarios municipales, los clubes y varias escuelas del barrio.
Los talleres que ofrece la ONG son de apoyo escolar, educación física, confección de juguetes, y están previstos varios más para abril. Cuando los chicos necesitan se les consigue útiles escolares, vestimenta en buen estado, viáticos, ayuda para que los padres hagan los trámites de documentación y revisaciones médicas.
Berardo contó alarmada: “Cada vez hay más chicos en la calle, la deserción escolar incrementa a pasos agigantados y hay familias que no tienen documentos, por lo cual cada vez hay mas chicos que no existen para el sistema”. Muchos chicos nunca festejaron sus cumpleaños, nunca tuvieron un juguete. En Proniño festejan mensualmente los cumpleaños para que puedan adueñarse de algo.
Pero Berardo reconoce que todavía no se ha hecho nada en conjunto, solo percibe un acercamiento del gobierno hacia la realidad que viven las ONG. “Lo que ocurre es que el trabajo infantil no es visible, no hay registros oficiales, y la imagen de los chicos cuidacoches o cirujas ya está naturalizada por la sociedad”, declaró la coordinadora. Trabajamos mucho en conjunto con algunas ONG, tapando baches que el gobierno hasta ahora no se hizo cargo.
Nota realizada por Celeste Aguilera y Hagar Blau para la revista "Genética Argentina" del partido GEN, en marzo de 2009.