“Gatos... gatos... gatos... gatos pardos, gatos taciturnos, nocturnos
gatos traicioneros, gatos para levantar vehículos,
gatos para levantar... gatos para comer,
una ciudad ocupada por un gaterío descontrolado,
una ciudad a punto de extinguirse,
en medio de este siglo, en medio de este apriete...
una ciudad obligada a degustaciones sibaritas,
una ciudad cazadora… ¡Maúllen! ¡Corran!
Vamos por ustedes...” (*)
La familia Coggiola lleva dos discos grabados, varias giras, un documental y ahora una película a estrenar (coming soon). Tocan tango, folklore y jazz, pero su unicidad deviene de esas melodías del violín, el acordeón y el bandoneón, interpretados por tres chicos, ahora no tan chicos. Sus padres, Liliana y Martín, fueron los gestores de su educación musical cuando en el camino, casi por accidente, se formó Gato a La Naranja.
Liliana Badariotti es la madre de la familia-banda, toca el bajo y también trabaja en el Jardín de los Niños. Lucía tiene 15 años, cursa el secundario, toca el bandoneón y piensa estudiar Psicología o Música. Lisandro, de 17 –también en el secundario–, enseña violín. Agustín, de 20, estudia cine, toca cajón peruano, stick y acordeón. El padre de la familia, Martín Coggiola, se dedica a la composición, producción y dirección del grupo, y enseña guitarra.
En el ensayo hay mucha exigencia, pero durante el show, se relajan y disfrutan del momento en que sale al unísono una melodía producto del esfuerzo grupal. “Lili es la más terrenal, los chicos los más responsables y yo soy la parte más desquiciada”, aclara Martín.
La dinámica grupal adquiere formas muy particulares. Agustín explica: -“Es una doble convivencia entre la familia y la banda, por lo que se generan discusiones tergiversadas como:
-Pusiste mal una blanca. -¡Y vos no lavaste los platos! Pero en esta especial convivencia, aseguran los Coggiola, se aprende a escuchar al otro. Según Martín, “la banda es una esfera enorme que se va transformando y moviendo con todos nosotros adentro, incluidos perros y gatos. Vamos girando y vemos qué manoteamos en el camino”.
Gato a la Naranja originariamente eran Liliana y Martín junto a otros músicos, pero cuando terminaron de grabar el primer disco (“Cisne”), uno de ellos renunció. Tenían que presentar el trabajo y habían invitado a algunos periodistas. Sus hijos ya dominaban algunos instrumentos, entonces tocaron un jazz detrás del telón. Tras la sorpresa de ver quiénes eran los que tocaban, los reporteros comprobaron que podía salir un producto de calidad. Agustín tenía 14, Lisandro 11 y Lucía 9 años.
En sus comienzos tocaron jazz-rock, después folklore y finalmente se arrimaron al tango. Martín relata que “era una apuesta fuerte porque los tangos te atraviesan como adulto; es difícil pensar que puede llegarle a un niño de la misma manera. Pero nos dimos cuenta de que se podía. Comenzamos a tocar con los chicos por urgencia y necesidad, y seguimos por el placer de tocar en el escenario con la familia, que es una experiencia única”.
CRECER CON LA MÚSICA
Lisandro cuenta que él y sus hermanos siempre estuvieron rodeados de objetos musicales: “Antes, en mi casa, había un instituto de música; venían más de 100 chicos a aprender varios instrumentos, y se hacían muestras donde empezamos a tocar en público. Ahí me enseñaron a tocar la guitarra, el piano y la batería, y después descubrí el violín, que es mi especialidad”.
En el instituto, tenían también un programa radial donde los chicos creaban y difundían su música. Liliana relata en tono realista: “Fue imposible mantener todo eso por los costos que conllevaba. Y en un tono melancólico, su marido completa: “Nos íbamos con los alumnos a lugares naturales a estudiar música; hemos tocado en la cima de una montaña… era algo hermoso. Pero la dificultad de asumir los costos de los instrumentos y de unos 15 docentes, hizo que cerrara”.
Hoy, el instituto de los Coggiola renace a fuego lento con las clases particulares que dictan los miembros de la familia, y con la remodelación de su casa-sala de ensayos y su auditorio con escenario y butacas. “La Secretaría de Cultura y Educación municipal nos está apoyando mucho en la reconstrucción del espacio”, cuenta optimista Martín. Pero fuera de estos proyectos, Liliana asegura que le están poniendo más énfasis al crecimiento de la banda. Luego de haber “cruzado el charco” con un tour por Noruega, vieron más posibilidades para crecer, y ahora se embarcan nuevamente para tocar por Europa.
TRASHUMANTES
El camino recorrido de la banda es muy variado: en Argentina fueron desde la ciudad de Salta en el norte, hasta Epuyén y Bariloche al sur. Tocaron en Entre Ríos, Buenos Aires, Córdoba, Río Negro, Chubut, Neuquén y Santa Fe. Fuera de Argentina, ya deleitaron al público de Cuba y Noruega.
Liliana: -Viajamos por una invitación de la Casa de Cultura Comunitaria de La Habana, y tocamos en escuelas, centros culturales, centros de salud de gente convaleciente y en la Universidad de Medicina, donde viven 10 mil estudiantes. Fuimos a una escuela de orientación vocacional en el Palacio de Pioneros “Che Guevara”.
Martín: -Decíamos que veníamos de la ciudad natal del Che y los cubanos se ponían muy contentos, y nos preguntaban cosas sobre él. Nos dimos cuenta de todo lo que ellos sabían y nosotros, que veníamos de su ciudad, quedábamos “pagando”. No sabíamos por ejemplo que, entre tantos oficios, había sido aviador.
Agustín: -Una vez fuimos a unas piletas estatales inmensas con mis hermanos, y hablamos con el guardavidas que trabajaba ahí. Cuando salimos, nos contaron que ese guardavidas había sido tres veces campeón olímpico de Cuba. Es increíble la humildad de su gente.
Liliana: -Cuando estuvimos en Noruega, creo que pegamos mucho porque les gustó esto de que seamos una familia unida para tocar. Ellos viven en familias muy disgregadas. Dada su realidad económica, los hijos pueden independizarse rápido. Son afectivos pero muy individualistas. La idea “tana” o latina de familia los emociona y los sorprende.
Martín: -En junio nos vamos nuevamente a Noruega y también a Berlín (Alemania) y Castelfranco (Italia). Iremos con un tiempo limitado, pero allí trataremos de tocar en otras ciudades. La gira durará sólo un mes, ya que extrañamos mucho nuestra casa y nuestros perros y gatos.
GATOS AL CELULOIDE
Martín: -Estábamos tocando en un pub en Abasto, y justo en esos días se hacía el Bafici. Cuando terminamos el show, se acercó un señor que dijo ser de una productora de publicidad, y quiso hacer el registro de lo que hacemos. Cuando aceptamos yo pensé que querían hacer un videoclip o un cortometraje, pero terminó siendo una película de 100 minutos. De repente, eran 20 personas en esta misma sala, grabando con luces, cámaras, micrófonos y cables. Nos seguían cuando ensayábamos, comíamos, dormíamos, durante dos años espaciados.
Liliana: -Nos íbamos al Sur de vacaciones y a hacer shows, y decidieron seguirnos con las cámaras. Como éramos de madera actuando, nos terminaron guionando las cosas que teníamos que decir y hacer. No somos actores, así que nos costó mucho repetir cada escena.
Martín: -No sabemos cuándo estrena la película, pero el producto es de ellos, por lo que debemos esperar y bancarnos lo que hagan con él. Es un road documentary.
Lisandro: -También han hecho un documental sobre nosotros desde el Ministerio de Innovación y Cultura provincial, que pasaron en los canales Somos Rosario y en Televisión Regional.
GATOS EN RESTYLING
Martín: -Hoy, en Gato a la Naranja se está gestando un nido para otras cosas, como tocar nuestros propios temas, y también cambiar el perfil del grupo. Venimos arreglando algunos temas con Renzo Baltuzzi, un músico rosarino muy talentoso. Nos hizo escuchar un material suyo muy extraño y lo vamos a usar en nuestros temas nuevos. Creo que los tangueros nos van a defenestrar. Si nos costó mucho entrar en el ambiente del tango, esto nos va a costar caro” agregar (Risas).
Agustín: - Actualmente estamos volviendo al jazz-rock originario con los arreglos de Renzo, y la verdad es que a mí me gusta más.
Liliana: -Estamos haciendo un poco de todo, siempre manteniendo nuestra impronta, con la tímbrica particular y el bandoneón de Lucía que mantiene un hilo conductor en la melange.
Martín: -Con el tango creo que hemos llegado hasta acá. Hemos incursionado y nos fue bien, pero seguiremos adelante con otros estilos. Lo que estamos componiendo e interpretando devendrá seguramente en un disco. Nuestro próximo show en Rosario será el 25 de junio en el teatro Lavardén, y el 27 comenzamos la gira por Europa. Cuando volvamos, planificaremos cómo evoluciona el “Gato”.
EL PESO DEL NOMBRE
Martín reflexiona: “Gato a la Naranja tiene un peso importante, no sé a qué nivel. Tengo la sensación de que ni los periodistas ni los tangueros de ley se lo bancan mucho”. En la época de la crisis, cuando desde los medios porteños comenzaba el circo de que “en Rosario la gente comía gatos”, pegó muy fuerte en todas partes. En otras regiones se acuerdan hasta hoy, y preguntan si eso es cierto. Como a los rosarinos nos pegó muy fuerte, los Coggiola se adjudicaron ese nombre “para dar una respuesta artística al estigma que nos impusieron. Somos comegatos, y los preferimos con naranja”.
La teoría de que a los tangueros no les gusta es que sigue siendo un ambiente cerrado, machista y de códigos establecidos. “Arrugan la jeta cuando escuchan este nombre; preferirían un nombre como El Adoquín”, ironiza Martín. Y los periodistas (incluida quien escribe), siempre piden demasiadas explicaciones.
Una visita a Internet transformará la curiosidad del lector que llegó a este punto de la nota en perplejidad. Se puede ver el excelente trailer de la película “Gato a la Naranja”, próxima a estrenar. El sitio web oficial es www.gatoalanaranja.com.ar.
(*) Poema de Gato a la Naranja publicado en contratapa de su primer disco.
Nota publicada en la revista Rosario Express Edición nº 80 - Junio de 2011