Esta es una nota que hice hace unos años en Comunicación Social, donde analicé el texto “Una profesión respetable” del periodista Daniel Briguet...Esta nota trata, para que no quede de un modo superficial e inacabado de simple crítica, sobre mi visión del apasionante e indeterminado "oficio de escribir".
Probablemente para el consumidor de los medios, la visión hacia el periodista sea un poco distorsionada a comparación de los hechos reales. Según Briguet un periodista es visto por la sociedad como un ser prodigioso de aventuras, misterio y riesgo; presentando este hecho como una percepción algo naíf de la realidad de un comunicador, Briguet pone de manifiesto su desacuerdo total con esta visión. Probablemente de desmentir esa imagen se trate el texto “una profesión respetable” ya que éste lleva el oficio del informante al descubierto en su máxima expresión, denotando sus pálidas y sus riquezas, los pormenores y las vivencias cotidianas. De esta manera intenta palpar en su libro de Ficciones Periodísticas hasta las percepciones más imprevisibles/invisibles de un comunicador, para que cualquier lector ignorante parcial o totalmente de esta profesión, indudablemente se quede sin ninguna conjetura.
Pero mas allá de este manifiesto de los gajes del oficio, aún queda en algún rincón esa visión de aventura y talvez de peligro sobre el periodismo, ya que después de todo, si el periodista no cree en su poder de argumentación, indagación e investigación, no conseguirá la noticia que busca. Por lo que son mitos urbanos totalmente lógicos y talvez necesarios para poder ejercer el trabajo de informar. Se trata de Creer para llegar a Poder conseguir la informacion. Creer el enunciador para que crea luego el enunciatario.
El mismo Briguet (actual profesor de la facultad de Comunicación) se contradice al criticar la visión de fábula que posee el público sobre el riesgo de los periodistas, y luego continuar su relato comentando las posibilidades de muerte de un corresponsal o cualquier notero en una época de gobierno de facto o de peligro en las calles. De acuerdo, siempre es mas fácil callar por seguridad propia, ya que “en boca cerrada..”. Y sí, hay algo de exposición ante el peligro si se trata de informar veracidades injustas, tristes, y corruptas día a día. Pero para los periodistas, como exclama Héctor tizón “no es posible callar”. No es considerado como una mínima posibilidad, es inconcebible para la ética personal de un informante honesto. Talvez de esto se trate la esencia de semejante labor. O al menos debería de tratarse.
Pero surge la tensión del limitador llamado Tiempo, ese tirano que corre a luz y sombra al oficio, que es cauce de esta llamada “revancha” que el organismo humano se toma, explica Briguet. Esto del trabajo a tiempo limitado puede culminar en una escritura probablemente más pobre en calidad y profundidad, con mayor cantidad de errores y hasta incluso la maldita influencia del aumento de sensacionalismo como ultimo (y pobre) recurso.
Briguet se detiene en el aspecto arquitectónico del periodismo, no se trata de estar atrás de un escritorio atendiendo clientes todo el día, ni de accionar consecutivamente las mismas válvulas para después volver al predio a pernoctar y allí soñar que se continúa el movimiento repetitivo hasta el hartazgo de ya no sentirse persona. Este trabajo es más beneficioso que los dos anteriores, aunque se trabaje en una oficina despelotada por muchas horas, se hace lo que apasiona a todo personal que forme parte del medio: informarse para luego informar. Además la comodidad es mas generada por el ambiente social del personal, que por el confort que una silla de cuero con control remoto y apoya-pies pueda brindar. Es relajante saber que el clima de trabajo hace mas amena la incesante presión del tiempo, donde no falten los chascarrillos y la camaradería entre compañeros.
La cuestión de lo novedoso es ambigua, Briguet dice “de la novedad dependemos”. Se trata de la riqueza que se posee entre las manos una vez obtenida una primicia, y a su vez de lo esclavizante que esta puede ser al no haber muchas opciones más que largarla a luz en la sociedad, dejando atrás toda noticia anterior y menos novedosa, por no ser tan “primicia” como esta. En este punto se valora más la inmediatez que el desarrollo de la historia, cosa errónea, aunque lógica, si se trata de informar acerca de lo nuevo, el presente inmediato, el “Ahora”. Aunque no parezca a simple vista, de eso se trata el periodismo: anoticiar al público es llevarle la historia del día. Por lo que se puede reflexionar sobre el aporte de un periodista-historiador de su época: un testigo que documentó y publicó los hechos que lo rodean en un tiempo y un espacio determinado de la historia (que importante ¿no?). Con esta perspectiva habrá que diferir con el señor Briguet, que considera que “un periodista no trabaja para la posteridad”. Todos marcamos alguna huella en la historia, y los comunicadores se encargan de que esas huellas no se borren sino que se remarquen.
Otro aspecto positivo es la dinamicidad que remarca el autor en informar cada día algo nuevo, es más entretenido que guardar y facturar libros sin llegar a pispear de qué se tratarán! y en cuanto a las motivaciones, se presenta otra ambigüedad en una reflexión del señor Briguet: al comienzo de la carrera de un periodista, es cuando más motivado, intrigado, lleno de ímpetu se está, comenta. Pero la inexperiencia exige tiempo y aprendizaje, para llegar a explotar dichas virtudes. Y con el pasar de una cantidad de tiempo considerable y de práctica constante, una vez adquirido el aprendizaje suficiente, lo que faltaba, lleva a relajar la motivación, para probablemente volver la “aventura” tan buscada a una rutina laboral llena de estructuras que vienen con esta práctica, perdiendo así la hermosa capacidad de asombro. Aunque nada asegura a un comunicador que esto le suceda, sólo se dará al resignarse a la realidad, y hacer las cosas de la manera más predecibles cada vez. Cuando se quiere conocer el mundo y llegar a la cima, falta mucho camino por recorrer, y una vez recorrido se sabe que no existe tal "cima del mundo". Para que esto no suceda no debe morir nunca la curiosidad.
El oficio del periodista es visto por Briguet como una promesa para el futuro, como para Heminguay un escalón antes del cielo, un medio transitorio que sea de mucha práctica y presión para llegar a una meta: el mérito de cumplir más plenamente que nunca antes el don de la expresión y el derecho humano de la libertad de expresión (que tanto hace falta hacer respetar, y hasta los medios restringen) al llegar a escribir un libro propio. Semejante meta no se consigue fácilmente, pero querer es poder, y el comunicador que quiere, a la larga talvez consiga su pedacito de “cielo”. Mismo Briguet considera la palabra “imposible” carente de significado para esta profesión.
Para describir mas detalladamente esta gran labor Briguet la cataloga de “cultora de lo efímero” y “esclava de lo que sucede”, aunque puede ser vista desde otra perspectiva, donde el periodista sería un secretario, un asistente o mayordomo (a libre elección) de nuestra sociedad. Para así poder asistirla desde adentro, para conocerla bien a fondo, y a su vez desde afuera para que se vea mejor la realidad, que sin una distancia no se puede percibir.
Por ende, se puede concluír con que un comunicador vive en función de los demás, como plantea Briguet. Es un poco lo que posee toda labor, un poder ajeno entre las manos, y en este caso, qué poder mas importante que el de la palabra, el poder (usado con la responsabilidad que este implica) de la novedad y el conocimiento analítico de la realidad, el valioso poder de informar de la mejor manera posible.
En resumen, se trata sin duda alguna de una profesión respetable, la de informar como toda labor en blanco, de muchas horas de esfuerzo (sea físico o mental), y dentro de condiciones lógicas de sanidad. Lo especial del periodismo entre todas las profesiones es que es “un nexo perfecto entre la realidad y las personas”.

