Por Luciana Boglioli y Hagar Blau (publicado en www.revistapanorámica.com)
Los jóvenes y adolescentes necesitan un espacio para darse a conocer,una forma de mostrarse hacia el mundo, decir que están acá, que éste también es su tiempo, su espacio, su momento. Los jóvenes de la ciudad son una vanguardia portadora de transformaciones en los códigos de la cultura. Dichas transformaciones se manifiestan en aquellas bandas o grupos que visten de forma similar y llamativa, que poseen hábitos comunes, ideologías y pensamientos, y hasta lugares fijos de reunión, denominadas “Tribus Urbanas”.
La cultura de la imagen es omnipresente, hoy en día es adecuado hablar de un creciente proceso de “estetización” de la vida. Y desde luego los jóvenes no son inmunes ante el abrumador bombardeo visual que se propone desde los medios. Existe una estética de la afectividad que hace que en la apreciación que se haga del otro se encuentre su imagen personal, y a partir de ésta se lo reconozca como alguien compatible, equivalente para un encuentro afectivo.
La lógica equivalencial que se encuentra internalizada en los jóvenes condiciona las elecciones posibles en sus relaciones sociales. Así, en los lugares habituales de los jóvenes rosarinos (boliches, bares, plazas o clubes privados), las afinidades se intuyen a partir del "look" que los define y diferencia por su pertenencia a tal o cual tribu urbana, que por lo general se relaciona con el tipo de música que escuchan (rollingas, punks, cumbieros, electrónicos, entre otros). Según el l"ook" se identifica a los semejantes con los que hay “onda”, con los que es mas probable conectarse porque poseen gustos parecidos, y que en general pertenecen al mismo sector social. Es por esto que las alianzas que se tejen son intratribus o endogámicas, no entre las diferentes tribus.
Modas tribales
La juventud hoy es condicionada por una etapa social que privilegia el narcisismo, el cuerpo para ser mirado, los consumos simbólicos del erotismo. Los cuerpos de los jóvenes desde tiempos inmemoriales se cubren de accesorios que los identifican. En nuestros días los accesorios se ajustan al ritmo de una moda en permanente transito, y ésta es “consumida” para luego evaporarse. Así “estar a la moda” permite a los jóvenes entran en contacto entre sí y les otorga garantía de pertenencia y legitimidad.
Las tribus buscan contrastar con las prendas de vestir, legitimadas como correctas o apropiadas. Sin embargo, la vestimenta característica de estos grupos es expresión de su identidad y a la vez se convierte en un objeto más de las industrias culturales. El mercado acaparó las diferentes tendencias para luego masificarlas y vaciarlas de contenido. Se creó un merchandising en torno al atuendo tribal, apareciendo de esta manera marcas especificas de productos y ornamentos que remiten a las bases y principios de estos grupos.
Inevitablemente la estética tribal está conectada al entramado social.
Por un lado los diferentes grupos intentan expresar una actitud contestataria de la realidad contemporánea y por el otro, el mercado avanza libremente sobre las distintas tendencias convirtiéndolas en clichés. Por decir un ejemplo muy visible, el uso de la remera del “Che” Guevara. Los góticos, otro ejemplo claro, buscan la belleza en su indumentaria negra, que busca diferenciarse de los demás por no ser sólo una moda sino también una forma de ver y sentir la vida. Las tribus urbanas, a pesar de no ser inmensamente numerosas, representan facetas de la sociedad, miradas distintas del sentir convencional.
La discoteca y los recitales
La noche rosarina es un espacio-tiempo joven, allí se monta una enorme oferta de lugares para quienes no se cansan. Cuando llega a su fin la jornada de trabajo y de estudio, se abren otras puertas hacia el consumo: la noche desinhibe y fomenta la fantasía de la plena libertad. Es el momento para que los jóvenes saquen a relucir sus “títulos” y los pongan a prueba frente a sus pares.
En las discotecas se proponen fiestas privadas, donde se excluye a aquellos que no son deseables porque no responden al modelo ideal al no poseer el "look" adecuado (antes mencionado) para compartir ese reino de igualdad y libertad. Es decir, una endogamia que deviene en discriminación indudablemente.
Otros ámbitos nocturnos para la juventud son los recitales. Allí se agolpan personas atraídas no solo por la música de la banda que convoca sino también por el clima eufórico que se genera. El elevado volumen de la música produce vibraciones que se sienten dentro de los cuerpos, y los jóvenes se aúnan en la fiesta. Todo ayuda a que la magia colme el aire y florezca la ilusión de estar inmerso en un ámbito de liberación atemporal.
Check Out
La sensibilidad, la visión de las cosas, la actitud hacia el mundo, el sentido estético, la concepción del tiempo, los valores y ritmos nos indican que los jóvenes asumen mas fácilmente un mundo emergente que se presenta contradictorio para los adultos. Las alas se crispan y zumban: “Nosotros somos precisamente esa clase de gente con la que nuestros padres no quieren que nos juntemos”, expresó un joven punk.
Las tribus urbanas son un fenómeno que surge como reacción y compensación ante la fragilidad de la cohesión social. Muchos jóvenes critican a la sociedad de consumo, aunque con sólo verlos es difícil pensarlos fuera de lo instituido (las pulseras con tachas, los piercings, son objetos que se consiguen en cualquier comercio céntrico de Rosario).
En estos agrupamientos se pueden encontrar modos de sentir y de pensar similares, un soporte afectivo que ofrece a los miembros de éstos grupos seguridad frente al mundo incierto e inseguro de los adultos.
Los acoge el asfalto, los alimenta el smog, los cega la publicidad y los moldea la necesidad de expresarse. Conviven y se manifiestan sin vergüenza. Los tribalismos o neotribalismos son postales cotidianas de nuestra ciudad.

