“Era nuestra ambición hacer esta feria desde hacía mucho tiempo, ya que el coleccionismo arranca una pasión particular, hace jugar, crea una inquietud de búsqueda y de compartir historias con los demás” declaró la ministra de Cultura “Chiqui” Gonzáles. Por su parte, el ideólogo de la feria y director de Star Events, Mikel Barsa agregó que “es una cita para dar un repaso a la historia de la música de los últimos 40 años, ya que en esas portadas maravillosas se puede apreciar las modas, los peinados y diseños de cada época”.
Una carpa blanca de grandes proporciones se impuso con aires de leviatán en las costas del río Paraná, con el propósito de un intercambio musical y con el disco de vinilo como protagonista. Más de 50 puesteros con sus bateas ofrecían discos de una amplitud musical sorprendente: hip hop, funk, jazz, dub, ítalo, dance, ska, rocksteady, metal, tecno, rockabilly, house, tango, ópera, kuschel (rock alemán), cumbia, deep, tribal, garage, infantiles, acid, new beat, entre otros tantos. Tres de estos puesteros eran rosarinos, y el resto de Mar del Plata, Santa Rosa, Córdoba, Buenos Aires y hasta Bolivia.
En este encuentro los más aficionados pudieron conseguir material que no hay en el mercado tradicional en LP (longplays), discos de pizarra (pasta) o maxies (discos con dos o tres temas hits de las bandas que sólo circulaban en radios y discotecas). Pero también había una variedad de compactos, posters, libros, revistas, DVDs, y remeras de las bandas para fanáticos menos exquisitos. Ciertos puesteros también canjeaban y compraban discos al público. En el escenario pequeño se proyectaron videoclips, programas musicales y documentales durante las tres jornadas.
La feria contó con shows musicales de diversos estilos como el de Moris, ícono de los albores del rock nacional, la banda Terraplén (fusión de folklore y electrónica con la producción de Gustavo Santaolalla), Una Cimarrona (banda rosarina de estilo balcánico), Lima Sur (hip hop del barrio Saladillo), Alina Gandini & Hotelera (versiones en jazz de clásicos del rock) y la reconocida en su trayectoria local Bonzo Blues Band. Además de los shows mencionados, el público se sorprendió con la cantante española Lola Masey, con un show de varios temas estilo pop, con coreografía y hasta dos bailarines.
Conocidos músicos rosarinos como Coki Debernardi y Diego Casanova participaron de esta primer edición de la feria, junto a periodistas e intelectuales, compartiendo sus repertorios de temas favoritos como música de fondo. El artista plástico Cristian Barnes, quien diseñó el logo de la feria, compartió en una conferencia sus conocimientos sobre el arte de tapa de los mejores discos de la historia del vinilo.
“Estamos ante objetos y bienes culturales que vuelven del pasado, como el trueque y la subasta -analizó la “Chiqui” Gonzáles- donde cada uno se acerca con su repertorio personal para el intercambio”. Muchos se sumaron a la propuesta del Ministerio de Cultura y llevaron sus discos en desuso para conocer su valor estimado, y algunos hasta hicieron negocios. Ver la cultura del vinilo renacer con cada ciudadano que compraba un disco, fue el gran objetivo cumplido del fin de semana.
Es que “si bien el Compact Disc vino a democratizar la posibilidad de escuchar música, un láser no va a reproducir nunca de la misma manera que un diamante sobre el vinilo”, como arguyó el organizador Mikel Barsa, aficionado de pura cepa. Nacido en Barcelona, vivió 40 años en Madrid, donde se sumergió en el mundo de la buena música. Luego incursionó en la cultura argentina para finalmente instalarse en Buenos Aires hace ya 13 años. Su productora Star Events representa artistas del cine y de la música en muchos países de Latinoamérica.

Mikel Barsa, organizador de la Feria del Vinilo. Foto: Sofia Pagani
-¿Cómo surgió la idea de realizar una feria del vinilo?
-Hubo un momento al final de los años ´70 en que los aficionados empezamos a presenciar impávidos el desarrollo de la gran mentira de que el Compact Disc sonaba mejor que el vinilo. Periodistas mal informados y Djs “comprados”, fueron parte de la industria que quiso implementar el CD. Se trataba de convencer al público de que toda la música que ya tenían en vinilo, debían comprarla en este nuevo formato. Fue un gran engaño que de a poco se fue sabiendo.
Cando organicé la 1º feria mucha gente trató de quitarmelo de la cabeza. Me dijeron que no tendría éxito pues la gente sólo apreciaba la música gratuita y no respetaba nada. Y comprobé que no era cierto, que no todos eran piratas, y muchos gozaban de escuchar música con la mejor calidad de sonido, y apoyando a los músicos. Con este fin realizamos la primera feria de coleccionismo del mundo en 1982 en el afamado Hotel Ivanhoe de Londres, y desde entonces nos expandimos en diversas ciudades del mundo como Madrid, Paris, Valencia, Barcelona, Oporto, Nápoles, Montpellier. En Buenos Aires venimos realizando la feria desde hace dos años y medio, y ahora incursionamos en Rosario. La idea es continuar realizando la feria en diversas ciudades de Latinoamérica.
-¿Qué piensa usted de la cultura musical rosarina?
-He venido varias veces con diversos artistas. Es una ciudad que me gusta, aunque todavía no conozco su música. Estuve escuchando un poco en la feria con los músicos invitados, y sé que la producción rosarina es bastante buena.
-¿Cómo se pone en valor un disco de vinilo?
-Como todo seguidor de arte especializado, los aficionados del vinilo estudian día a día, y a medida que se sumergen en ese mundo van apreciando si es un disco de gran tirada o muy exclusiva, si no se consigue en el mercado, si es un autor valorado, el arte de tapa, el estado del disco y de toda su presentación. Con Star Events tenemos contacto con especialistas de Europa y de Estados Unidos, quienes han vivido la evolución del mercado musical, y basados en su experiencia ellos marcan la idea del valor de un disco. Luego el mercado impone la realidad, es decir que la ley de oferta y demanda será la que defina si un disco es de alto valor.
-¿Cuál es su repertorio musical preferido?
-Mis grupos favoritos son The Kinks, The Troggs, The Searchers, The Animals y los Beach Boys. Además me gustan algunas bandas punk de los años ´70.
Del caudal de unos 20 mil discos de vinilo y otros cientos CDs, se podían encontrar los precios más variados: dependiendo del estado de los discos, habían algunos desde los $10 y $20, pero en su mayoría se trataba de vinilos bien conservados en sus cajas, y estos partían de los $200.
Por la carpa blanca habrán pasado unos 15 mil asistentes según Mikel Barsa, quien contó satisfecho: “Ya al comienzo del primer día el predio se llenó, y continuó igual en diferentes horarios, sobre todo cuando había algún show”. El director provincial de Producción Artística, Gerardo Agudo explicó: “Decidimos situar la feria justamente en el Parque España considerando que es un paseo habitual del fin de semana rosarino”.
Meticulosos de la excelencia del sonido intercambiaron sus conocimientos con los puesteros. Los jóvenes compradores escuchaban con auriculares para comprobar que los años no hayan hecho estragos en los discos, mientras reggae, tecno, rock internacional y baladas se colaban de fondo por el altoparlante. Se veía por los pasillos a personajes del rock local como Daniel Peres o Andrés Abramowski. La siempre elegante subsecretaria de Cultura municipal, Flor Balestra no se quiso perder el evento, mientras la “Chiqui” se paseó con su nieta que no hacía mucho habría aprendido a caminar. Imágenes de una feria muy singular se instalaron en la ciudad que vio nacer a cientos de artistas, sobre todo musicales.
La exclusividad
Si de algo se jactan los coleccionistas y los melómanos es de tener las joyas más codiciadas del mercado del disco. Y en esta feria, muchos puesteros no se quedaron atrás. Con orgullo y discresión, como quien tiene en su poder un secreto de Estado, los puesteros compartieron con Rosario Express algunas de sus reliquias.
Norberto Acosta, de origen porteño, confesó tener una edición limitada de Quiet Riot, una banda de heavy metal ochentosa, otro de The Blow Monkeys, de pop inglés y uno de Pretty Boys & Pretty Girls, de dance, ambos de los ´90.
En el stand de una disquería originaria de Buenos Aires, Marcela compartió sus rarezas del rock nacional como el original de “Cuarenta dibujos ahí en el piso”, el primer disco de Divididos; otro de Jorge Pinchevsky el violinista de Billy Bond y la Pesada del Rock, según dicen el más famoso violinista rockero del país, nacido en Rosario; y un vinilo de Pachuco Cadáver, una banda no muy conocida de Roberto Pettinato de los años ´80.
El puestero rosarino Fabián Dichiara, tiene en su haber discos maxis simples de varios artistas a destacar como: en vinilo blanco “You don´t fool me” de Queen, “Wild wild life” de Talking Heads (que hace años no se consigue en el mercado), y “Union city blue” de Blondie. Además Fabián comentó su interés en organizarse con los coleccionistas locales para continuar con los intercambios al menos dos veces al año.
Otro puestero que compartió su reliquia fue Jorge Adimari, ya que posee una de las veinte cajas de cinco discos de Atahualpa Yupanqui, editado por la discográfica Odeon exclusivamente para sus gerentes latinoamericanos. Una piedra preciosa que seguramente Jorge no se dispuso a vender tan fácilmente.
Quién da más
Si algún momento de esta feria merecía ser destacado en su unicidad, fue la subasta programada, que fue dirigida por Mikel Barsa. El micrófono se abrió para comenzar a explicar las reglas básicas, y todos los asistentes dejaron de distraerse en los stands para acercarse a ver algo inaudito en Rosario. Con energías de quien dirige una batuta de una gran orquesta sinfónica, Barsa dio por comenzada la puja por las rarezas. Y a medida que la oferta era hecha, manos tímidas reclamaban su interés por adquirir los preciados objetos musicales, asomando entre las pocas mesas y las muchas personas de pie.
En la subasta se presentaron discos de alto valor cultural como “The Wall” con la firma auténtica de Roger Waters en su primer visita a Buenos Aires (vendida a $1500), una prueba de sonido original de los Rolling Stones (vendida a $1150), un original imposible de conseguir de Joy Division (vendido a $2200), y dos cuadros del arte de tapa del disco de Ciro y Los Persas (nueva banda del cantante de Los Piojos), los que tenían el valor de $2500 y $4000.
El sabado 26 la feria del vinilo se adhirió a la campaña “La Hora del Planeta”, una iniciativa mundial de la ONG Fundación Vida Silvestre (WWF) que alienta a ciudadanos, municipios y comercios a apagar las luces por 60 minutos para hacer conciencia sobre los efectos del cambio climático. Dado que la propuesta del Ministerio de Cultura coincidía en la fecha con la campaña mundial, fue suya la decisión de adhesión, bajo la cual la banda Una Cimarrona brindó un show acústico a la luz de las velas.
Nota publicada en la revista Rosario Express, ed. nº 78 - Abril de 2011




