
Desde el 19 de diciembre de 2010 se escribe un capítulo nuevo en la historia de la civilización. Ese día un jóven tunecino en estado de desesperación decidió prenderse fuego. Hasta ahí llegó su tolerancia. Después fue una lluvia de protestas, o debo decir una llamarada. Fueron muchos otros jóvenes algerianos y egipcios los que siguieron esa modalidad de protesta.
Pedían: comida, trabajo, vivienda, constitucionalidad, derechos, juicio y cárcel a sus reyes que ostentaron durante décadas con el dinero del pueblo, libertad de expresión, entre otras cosas. Algunos perderon sus vidas, y eso fue suficiente para conscientizar a millones de otros jóvenes. Fue una llamarada devastadora que no perdonó gobierno, una reacción virósica, que se contagió a través de un soporte que fue protagonista: la web.
19 diciembre 2010, se prende fuego y muere Mohamed Bouazizi en Túnez. 7 enero 2011, protesta reprimida por policías en reclamo de comida y desempleo en Algeria, la primera ya con víctimas fatales (luego todas se cobrarán vidas). 9 enero, protestas reprimidas en varias ciudades de Túnez. 13 enero, se prende fuego y muere en Algeria un segundo jóven por no tener trabajo ni casa. 17 enero, un tercer jóven se incinera, y no muere, frente al Parlamento de Egipto. 23 enero, activistas yemenitas arrestados en manifestaciones.
25 enero, cientos de sunitas protestan en Líbano contra el grupo terrorista Hezbollá que derrocó al Primer Ministro Saad Hariri. El mismo día en Egipto una protesta masiva pide la renuncia de su presidente Hosni Mubarak, a lo cual respondió arrestando periodistas, cerrando Twitter en su país, entre otras redes y líneas de celulares. 26 enero, el hacker “Anonymous” amenazó a Mubarak de un ciberataque si no frena la censura.
27 enero, cientos de yemenitas piden la renuncia a su presidente Alí Abdullah Saleh. 28 enero, se suman Gaza y Jordania a las protestas. 11 febrero, renuncia Mubarak dejando al Ejército Egipcio a cargo del gobierno. 14 febrero, se suman jóvenes de Irán y Bahrein a las manifestaciones. Cientos de estas protestas son reprimidas por las fuerzas estatales en Libia y Marruecos. Arabia Saudí prohíbe manifestaciones, pero los jóvenes sauditas se suman igual. 25 febrero protestan por primera vez jóvenes de Irak. La lista sigue hasta hoy, la historia se sigue escribiendo.
La causa. Los jóvenes árabes se concientizaron de que ellos, como el resto de los pueblos, tienen Derechos Humanos a una vivienda, un trabajo digno, educación formal y una legislación que los haga valer. Nunca antes lo supieron. Hasta ahora. Fue uno de los primeros protestantes de Egipto, un empleado de Google, quien convocó y masificó la protesta en su país. Y los estudiantes universitarios, afortunados entre miles de estudiar en otros países ya lo venían diciendo.
Cómo sucedió. la llave maestra que abrió todas las puertas a la juventud árabe para conocer este nuevo estilo de sociedad: Internet. El acceso a la red de redes mostró a los jóvenes árabes otros mundos posibles. A través de redes sociales como Facebook y Twitter que se convocaron las manifestaciones egipcias, hackers como Anonymous y websites de denuncias políticas como WikiLeaks fueron las que metieron presión y denuncia a los gobiernos. Y fueron estos mismos sitios los que permitieron al resto del mundo conocer el levantamiento, la primavera árabe, que produjo las destituciones de los presidentes y reyes, escapes a otros países, enjuiciamientos, etc.
Para tener un gobierno constitucional es indefectiblemente un choque con etnias de linaje histórico. No más enriquecimientos, no más crímenes de Lesa Humanidad, juicios sin jueces, dinastías millonarias, no más Gaddaffi (Libia), Mubarak (Egipto), Ben Ali (Túnes), Abdulla Saleh (Yemen) dijeron. Fue necesario el choque de civilizaciones en cada uno de esos países.
A lo dicho, cabe aclarar que los Derechos Humanos son para todos los hombres y mujeres por igual, a diferencia de los derechos islámicos ancestrales, conocida su fama machista. Para que la fama no sea sin sustento, aclaro: en las sociedades árabes la mujer es de propiedad de su marido o su padre, es un bien negociable para con otra familia, sólo debe permanecer descubierta de su burka frente a su marido, no tiene permitido estudiar el corán, no puede mirar a los ojos a ningún hombre, debe caminar detrás de su marido, debe dedicarse a la crianza de sus hijos, y en su mayoría comparte marido con otras mujeres.
La Globalización se fue expandiendo con el tiempo a través de la industrialización, luego el comercio, y ahora la tecnología en cientos de países que hasta ahora vivían “fuera de la historia occidental”. Gracias al comercio del turismo, las guerras y sobre todo el petróleo, los países árabes no fueron la excepción a la regla. Es ahora la misma globalización la que produce en Oriente Medio un quiebre social al necesitar adaptarse a las reglas y costumbres de la sociedad capitalista globalizada.
Así las cosas, a diez meses del primer hombre que dijo basta y encendió la llama, falta mucho por construír todavía. Es inminente La necesidad de que todos los Estados y sus pueblos acepten que los Derechos Humanos son Universales e Inalienables. Para llegar a una síntesis superadora, reversionando a Hegel, es necesario un choque de tesis primaria y antítesis nueva. Ojalá el resultado sean nuevos Estados democráticos, autónomos, constitucionales y pluralistas.
El único redactor vivo actualmente de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, Stephen Hessel, explica en su libro Indígnate: “Cuando algo te indigna, como a mí me indignó el nazismo, te conviertes en alguien militante, fuerte y comprometido. Pasas a formar parte de esa corriente de la historia, y la gran corriente debe seguir gracias a cada uno. Esa corriente tiende hacia una mayor justicia, mayor libertad, pero no esa libertad incontrolada del zorro en el gallinero. Esos derechos, cuyo programa recoge la Declaración Universal de 1948, son universales. Si se encuentran con alguien que no se beneficia de ellos, ayúdenlo a conquistarlos.
Por todo esto, mas allá de disidencias con las reglas macroeconómicas, comerciales, ideológicas y religiosas, pensar en una sociedad global que pretende garantizar derechos estatales a todos los sujetos es un progreso, e inevitablemente conlleva un choque de civilizaciones, donde los jóvenes son los protagonistas del cambio.




